martes, 12 de marzo de 2019

La oruga procesionaria del pino vuelve a Las Tablas por primavera

Un año más, con la llegada del calor la oruga procesionaria regresa a los pinos, cedros y abetos de la Comunidad de Madrid, y en esta ocasión antes de lo previsto y con especial virulencia. Se calcula que de las 60.000 hectáreas de pinares con que cuenta la Comunidad, este año se están viendo afectadas cerca de 40.000 hectáreas, lo cual supone cerca del 70% de la masa forestal.

La oruga procesionaria del pino es un insecto que anida en las copas de los árboles durante el verano, creando una especie de bolsones capaces de albergar hasta 200 larvas por nido y que se alimentan de las hojas más jóvenes del árbol, provocándole enfermedades. Una vez eclosionan las bolsas y salen las larvas al exterior (algo que suele acontecer a partir de abril pero que este año las altas temperaturas han adelantado) se vuelven si cabe más peligrosas, pues el simple contacto con una de estas orugas provoca urticaria, reacciones en la piel y, en el caso de las personas alérgicas, puede llegar a desembocar en una anafilaxia.

Especialmente susceptibles a estos efectos adversos son los perros y mascotas, cuyo contacto con la procesionaria del pino puede llegar a suponerles desde la amputación de la lengua a la muerte, como consecuencia de las sustancias tóxicas que estos insectos acumulan en su pelo.

Bolsones de procesionaria del pino en Las Tablas. Foto: Livin' Las Tablas
Si bien este año la presencia de esta plaga en la escasa masa forestal de Las Tablas no parece tan acusada como en años anteriores, conviene extremar las precauciones sobre todo en las áreas infantiles con presencia de arbolado, pues es fácil que los niños se sientan atraídos por las largas filas que forman estos insectos por el suelo (y de donde les viene el nombre), justo antes de enterrarse para convertirse en mariposas y vivir no más de 24 horas.

El Ayuntamiento de Madrid, merced a la modificación de la Ordenanza General de Protección del Medio Ambiente Urbano aprobada en noviembre de 2018, afronta la plaga de orugas procesionarias evitando el uso de productos químicos (aunque estén autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación) y limitándose a aplicar "de forma prioritaria técnicas de control de población mediante colocación de trampas de feromona y retirada manual de bolsones de las copas de los árboles afectados".

Otros municipios aplican su propio protocolo para enfrentar la amenaza de este insecto, y algunos de ellos lo hacen de forma bastante imaginativa y eficiente. Desde la instalación de nidos de pájaros insectívoros como el herrerillo y el carbonero en los árboles afectados (Las Rozas) a la pulverización de Bacillus thuringiensis, una bacteria inócua para los humanos y el medio ambiente pero que parasita la larva de la oruga (Rivas), cualquier solución es buena para controlar la plaga de la procesionaria del pino.


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