viernes, 29 de abril de 2016

Ahora Madrid no incluye en sus "limpiezas intensivas" de Las Tablas la retirada de su propaganda electoral. Algunos carteles llevan expuestos más de once meses.

TIRANDO A DAR
LivinLasTablas

Ni la climatología ni las "Limpiezas Intensivas" en las calles de Las Tablas  han sido capaces de eliminar los carteles electorales con los que, en su día, las formaciones políticas Ahora Madrid y Podemos promocionaron sus candidaturas a las Elecciones Municipales y Autonómicas (mayo 2015) y Elecciones Generales al Congreso y Senado (diciembre 2015).

No queda ni rastro de la propaganda electoral que en su día pusieron por las calles de Las Tablas partidos políticos como PP, PSOE, C'S o VOX (mayoritarios en Las Tablas), y sin embargo resulta fácil encontrar en casi cualquier esquina los restos de los carteles electorales de Ahora Madrid o Podemos. Son los únicos que quedan. Nadie los ha retirado.

Se pueden encontrar pegados a las farolas, a las puertas de los registros eléctricos exteriores de los edificios, a los buzones de correo, hasta hace poco a las marquesinas de la EMT y las cristaleras del acceso al metro de Las Tablas, a las cajas de registro y conmutación de los semáforos, a las paredes de los edificios, a todos esos sitios donde si tú pusieras un anuncio de tu negocio o simplemente ofertaras tus servicios personales como profesora de inglés para niños, la normativa municipal regularía la cantidad con que serías multado. A no ser, claro está, que fueras tú el encargado de aplicar la normativa municipal.

Llevan tanto tiempo ahí que ya muy pocos se fijan en su presencia. Pero el caso es que están ahí, desde hace mucho. Resulta significativo que se hayan retirado los carteles de todos los partidos políticos excepto los de aquellos que gobiernan en Madrid. Ya hace cuatro meses que se exigió la retirada de su propaganda electoral de las calles de la ciudad, pero parece evidente que, al menos en Las Tablas, no se ha hecho.

También resulta significativo que la formación que dirige el Ayuntamiento de la ciudad de Madrid protagonice originales campañas de concienciación entre los madrileños para conseguir una ciudad más limpia (ceniceros de bolsillo, señales verticales educativas, multas a las cacas de perro...) y sin embargo no predique con el ejemplo y retire su cartelería electoral.

Conviene recordar que la Ordenanza General de Protección de Medio Ambiente, concretamente en su artículo 142.1, prohíbe la colocación de carteles o las pintadas y grafittis en "paredes, muros, quioscos, cabinas, farolas, vallas y papeleras". El mismo artículo explica que el servicio municipal de limpieza en esta situación "procederá a limpiarlo" y el Consistorio cargará el coste "a la persona que resulte responsable". De la misma forma la Ordenanza de Limpieza de los Espacios Públicos insiste en que el Ayuntamiento puede llevar a cabo las tareas de limpieza "de manera subsidiaria" imputando a posteriori el coste a la organización responsable.

Llama la atención que después de varias "limpiezas intensivas" en nuestro barrio, ningún operario se haya atrevido a tocar siquiera los carteles de Ahora Madrid y Podemos, y sin embargo sí se hayan eliminado todos los anuncios particulares que compartían el mismo espacio en farolas o paredes.

Y resulta del todo llamativo que antes de las elecciones las marcas de Podemos consideraran importante retirar los carteles electorales como un compromiso con el Medio Ambiente y después de las elecciones, sencillamente, no lo hicieran.


Por todo ello nos parece oportuno EXIGIR al Ayuntamiento de Madrid que cumpla la ley y retire de una vez toda la propaganda electoral que queda en Las Tablas (en algunos casos lleva más de once meses) de los partidos políticos Ahora Madrid y Podemos (que son los únicos que la mantienen) y les pase la factura de la limpieza, tal y como estipula la normativa.




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viernes, 22 de abril de 2016

Crónica de una impecable actuación de los Bomberos el pasado viernes en Las Tablas. Para los niños, todo un espectáculo.

Dos dotaciones de Bomberos, varias unidades de la Policía Municipal, una ambulancia... Todo hacía presagiar que nada bueno estaba ocurriendo. El penetrante ulular de las sirenas de los vehículos de emergencias suele provocar el efecto inducido en nuestros oídos de ponernos alerta, y en este caso eran, sin duda, muchas sirenas a la vez.

Todo ocurrió el pasado viernes 15 de abril sobre las 18 horas, en Las Tablas. En concreto, el epicentro del "desastre" estaba en la esquina de las calles Viloria de la Rioja con Capiscol, frente a esa parcela-explanada donde la naturaleza emerge y las amapolas se arrogan, entre la maraña de vegetación de cuneta, el desvergonzado propósito de existir al margen de las ordenanzas municipales.

Con los vehículos de emergencias en doble fila, dos policías municipales iniciaron la prosaica misión de regular el tráfico en ese tramo de calle. O pasan los coches en un sentido, o pasan en otro. Los efectivos del Samur, cerca. Y los bomberos, verdaderos protagonistas de la tarde, en combate.

Se trataba de un panal de abejas. Pequeño, del tamaño de dos puños. Colgado en un repliegue de ladrillo que la arquitectura moderna aconseja utilizar en los edificios residenciales para ganar metros en altura a la cocina que sobre suelo no tendría cabida. En el primer piso de uno de los edificios, junto a la ventana del salón de un vecino. Y con los niños dentro, pegando curiosos su nariz al cristal de la ventana. Y las abejas fuera, revoloteando alrededor de su colmena, con la indiferencia de quien no paga el IBI.

Nada grave, vamos. Cualquier abuelo de cualquier pueblo lidia una o dos veces al año con situaciones similares en su casa o en su corral y no llama al Ejército para que le solucione el problema. Pero bueno, esto es Madrid.

Cuando hay abejas de por medio hay que tener cuidado, no porque piquen (que también), sino porque quedan pocas. Tan pocas que a las que quedan hay que cuidarlas con mimo, y así lo debieron entender los Bomberos, que venían preparados para la ocasión.

Dos de ellos se vistieron unos trajes especiales blancos que más parecían diseñados para la guerra bacteriológica y se encaramaron a la escalera de uno de sus camiones, que al poco los trasladaba en volandas hasta el panal, allá en las alturas. Tras unos momentos de irritación colectiva entre las abejas, visible en sus acrobacias agresivas alrededor de los intrusos, panal e inquilinas fueron a parar a una caja acondicionada para un transporte seguro que las llevaría a un sitio más adecuado para vivir.

El ambiente abajo era casi festivo. Los bomberos bromeaban en corrillo, más en sus cosas que en el rescate. Y los padres, muchos padres, cada cual con su camada recién recogida del colegio, se dedicaban a poner voz en off al espectáculo, contando a su tropa la película según cada cual la entendía.

Uno decía: "Mira hijo, ahora los Bomberos llegarán hasta el panal de las avispas malignas y mientras son atacados por aguijones furibundos, las rociarán con un gas que acabará con todas ellas". Otro padre decía: "Mira hija, ahora los Bomberos llegarán hasta el panal de las pobres abejas extraviadas y las depositarán con cuidado en una cajita especial para así poder llevarlas al Zoo, donde estarán mucho mejor". Cada cual, con su particular versión de entender el mundo y la educación de sus hijos.

Uno de los héroes de la tarde, uno de los Bomberos que participó del espectáculo, nos comentó que, efectivamente, se trataba de abejas extraviadas de una colonia mayor que no andaría lejos. Con la llegada de la primavera las abejas requieren de un espacio de polinización, y la parcela de enfrente, con su frondosa vegetación de cuneta, viene a ser como el Ahorra Mas de las abejas que, logicamente, se quedan a vivir cerca.

Poco después acababa el rescate, con éxito. No queda sino, formalmente, agradecer a los servicios de emergencia por su prontitud en la respuesta, su perfecta coordinación y  la pulcritud del operativo. De forma menos formal pero más sentida, darles también las gracias en nombre de las abejas (especie en peligro de extinción) y de los niños, que aprendieron un poco a conocerlas.




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miércoles, 20 de abril de 2016

Fantástico viaje a Nueva York de nuestro cronista de viajes Óscar Pintos. El viajero que no necesita dormir en la ciudad que nunca duerme. Ésta es su crónica.

VIAJE A NUEVA YORK
Texto y fotografías por
ÓSCAR PINTOS


Ese pequeño mundo, escondido dentro de una gran ciudad de la que todo el mundo habla independientemente de que haya ido o no. La ciudad que nunca duerme, esa Gran Manzana, que a unos les puede resultar apetitosa y a otros despreciable, dulce para algunos o amarga para otros, entrañable o siniestra, …, pero a todos nos resulta indudablemente familiar. Quizás el cine sea responsable de ello en un noventa por ciento; el diez por ciento restante, lo aporta esa misteriosa curiosidad humana acerca de lo que todo el mundo habla.

Y eso fue lo que consiguió ir desdibujando nuestro planning inicial: las habladurías de la gente. “Tienes que ver esto”, “si no entras aquí es para matarte”, “como se te ocurre ir tantos días”, “cómo tan pocos”, “probarás esto”, “y esto otro”, “no me creo que estando allí, no vayáis a ir a este sitio”, “ni a este” … Así que, aunque la planificación de nuestro viaje comenzó como siempre –buscando los vuelos más baratos al destino elegido–, pronto se fue convirtiendo en un caótico collage que precisaba de mucha planificación si queríamos aprovechar el tiempo al máximo.

Así pues, decidimos anotar en un rústico listado nuestro must de Nueva York, rellenando los huecos con lo que nos iba sugiriendo la gente (aunque fuera imposible realizarlo por economía y/o tiempo); finalmente, parecía que no queríamos fallarle a nadie, y decidimos llevar a cabo TODO.

92 días de planificación, más de 200 webs consultadas, 5 guías leídas, decenas de blogs comparados, 176 cafés, multitud de bebidas energéticas y un fuerte dolor de cabeza cabían en una miniagenda viajera de no más de diez páginas y un gran mapa personalizado que estábamos consultando en nuestro vuelo inicial a Londres. ¡¡¡¡Comenzaba nuestra aventura!!!! Contábamos con energías y tiempo suficientes como para llegar andando al cercano pueblo de Crawley; no mucho que ver, algunas compras y vuelta al Aeropuerto de Gatwick, donde comeríamos mientras esperábamos el avión a Nueva York.
Crawley

Vino muy bien eso de la gran caminata hasta Crawley, ya que pronto nos quedamos dormidos al montar en el nuevo avión de Norwegian. Ocho horitas de vuelo, y casi sin darnos cuenta estaríamos sellando nuestros Pasaportes en el JFK de Nueva York. Picoteamos algo y volvimos a consultar nuestros cronogramas horarios mientras descansábamos un par de horas; analizamos bien el sistema de transporte público de Nueva York, y a eso de las dos de la madrugada, tras comprar la Metro Card, nos decidimos a adentrarnos en el submundo que encierra el Metro de Nueva York; viejo y sucio como en las películas, pero más seguro y misterioso de lo que nos esperábamos. En poco más de una hora, estábamos en la mítica Grand Terminal; admiramos sus interiores y salimos a explorar los alrededores: el precioso Edificio Chrysler, el Daily News (en el que se inspiró el Daily Planet para Superman), la Fundación Ford, Tudor City (primer rascacielos de apartamentos residenciales del mundo), y el edificio de la ONU. Si no fuera por el reloj y por los consejos acerca de no llevar muy a la vista las cámaras de fotos, nunca pensaríamos que eran las cuatro de la mañana; pudimos comprobar eso de “la ciudad que nunca duerme”.
Edificio Chrysler


Nos pasamos por la Biblioteca Pública de Nueva York, que en tantas pelis ha salido también (Cazafantasmas, Desayuno con diamantes, El día de mañana, Sexo en Nueva York, …); en ella se encuentra una Biblia de Gutenberg, una carta de Colón, la primera edición de los manuscritos de Shakespeare, y un borrador de la Declaración de Independencia; ¡casi nada!. Bordeamos el Bryant Park (donde los neoyorkinos descansan, toman un aperitivo, toman el sol entre sus horas de trabajo, …, y es que fue el primer parque en ofrecer WiFi), y Times Square para bajar por Broadway y disfrutar así de unas buenas panorámicas del Empire State.  Estaba amaneciendo, lo que nos indicaba que era hora de ir camino hacia la parada de bus; así, desde Herald Square, cogimos la 34 hasta el final, donde nos esperaba un Megabus (empresa baratísima de autobuses con baño, WiFi y otras comodidades) a Washington.

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