martes, 20 de noviembre de 2018

¿Coger setas en Las Tablas? Mala idea si es para consumirlas y un delito contra la salud pública si el objetivo es su comercialización

Con el siglo XXI ya bien avanzado y a punto de entrar de lleno en lo que algunos han denominado la cuarta revolución industrial, es más fácil encontrar a alguien que sepa diferenciar un coche híbrido de uno eléctrico que a alguien capaz de distinguir entre una seta comestible y otra venenosa.

En Las Tablas, en plena temporada de setas (y, por cierto, una de las mejores de los últimos años) se pueden encontrar estos días por parques y jardines una inusual cantidad de hongos, setas y champiñones que crecen libremente entre la hierba y la hojarasca otoñal, invitando a su recolección. Sin embargo, cogerlas para su consumo (se sabe de casos de personas llenando bolsas con setas por las zonas verdes del barrio) no es en absoluto recomendable, y si es para su comercialización puede llegar a tratarse de un delito contra la salud pública. Y es que en entornos urbanos tanto aquellas setas o champiñones que pertenecen a especies comestibles como aquellas catalogadas de venenosas están contaminadas.

En general todas las setas absorben y retienen las sustancias contaminantes que se generan en el entorno de las ciudades. Los expertos recomiendan no comer ninguna de las que crecen en el área de las ciudades, cerca de aeropuertos o fábricas ni en vertederos o cunetas de calles y carreteras, pues acumulan sustancias tóxicas como el cadmio y el plomo del humo de los coches, ambos cancerígenos. Según palabras de la micóloga Tania Jiménez, “al ser el último escalafón de la red trófica, las setas urbanas acumulan todas las toxinas del ecosistema”.


El hecho de comerlas ocasionalmente puede no desencadenar a priori ninguna sintomatología adversa a corto plazo, pero lo cierto es que las sustancias tóxicas que portan se acumulan en el organismo que las ingiere y son muy dañinas. Además de la polución, hongos, setas y champiñones urbanos acumulan todos los productos tóxicos que se hayan utilizado en las labores de jardinería, tales como insecticidas y herbicidas, además de la posibilidad de haber sido orinadas por animales domésticos o rociadas con cualquier tipo de productos de desecho urbanos.

Curiosamente los propietarios de perros no tienen de qué preocuparse cuando los sacan a pasear por los jardines públicos del barrio, pues la mayoría de los animales domésticos no sienten demasiado interés por ingerirlas.

Para quien realmente esté interesado en esta tradicional y entretenida actividad, sepa distinguir entre setas comestibles y venenosas y quiera hacerlo de forma responsable, la regulación legal puede encontrarla en la Ley 16/1995, de 4 de mayo, Forestal y de Protección de la Naturaleza de la Comunidad de Madrid, que establece las condiciones y lugares donde puede practicarse y reconoce el derecho que asiste a cualquier persona para, de forma puntual, beneficiarse del recurso micológico en montes públicos (nunca en entornos urbanos), pero siempre atendiendo a una serie de requisitos tasados por la misma ley.


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