jueves, 22 de junio de 2017

¿Hay una plaga de conejos en Las Tablas?

TIRANDO A DAR
Livin' Las Tablas

Pues plaga, lo que se dice plaga, no nos atrevemos desde aquí a asegurarlo, pero sobrepoblación de conejos, sin duda.

En estas fechas y en algunas zonas de la periferia de Las Tablas, como las laderas de los cerros que separan la calle Portomarín de la carretera de circunvalación M-40 y de Telefónica (terrenos donde el Ayuntamiento se limita al desbroce ocasional), cualquier observador no avezado puede divisar hasta 50 ejemplares en un paseo de diez minutos, muchos de ellos aún gazapos que corren torpemente ante la presencia humana a refugiarse tras la valla que separa los senderos y la zona de afección de la M-40. Es una situación que puede apreciarse aún con mayor intensidad en barrios cercanos a Las Tablas, como en Valdelatas o el Parque Forestal de Valdebebas.

El conejo de monte o ibérico, una especie autóctona de la península ibérica y el norte de África y considerada Vulnerable en el Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España, ha visto como desde el pasado siglo XX sus territorios naturales se han ido reduciendo tanto por la acción del hombre como por enfermedades de diseño (mixomatosis y enfermedad hemorrágica vírica) y han acabado encontrando un buen hábitat para vivir en los emplazamientos semiurbanos del extrarradio de las ciudades, cerca de parques, carreteras o vías de tren y con escasa presencia humana, lugares donde estos animales disfrutan de la ausencia de depredadores y aumentan su población de forma desmedida.

Baste decir que una hembra de conejo puede gestar entre 3 y 7 veces al año camadas de entre 2 y 6 crías cada vez, que serán sexualmente activas a partir de los 4 ó 5 meses de edad. Sin depredadores naturales cerca, el crecimiento de estos animales es exponencial, por lo que las probabilidades de que en estas circunstancias una especie como el conejo ibérico pase de sobrepoblación a plaga son considerables.

Los peligros de las plagas de conejos en zonas de afección urbana radican especialmente en su capacidad para deteriorar infraestructuras viarias tales como vías de tren o carreteras, al realizar madrigueras en sus inmediaciones, así como la posibilidad de ocasionar accidentes de tráfico al cruzarse en la trayectoria de los vehículos. Y, aunque en esto hay disparidad de criterios entre los expertos, la posibilidad de transmitir enfermedades al ser humano.

La sobrepoblación de conejos fuera de sus hábitats naturales no es un problema exclusivo de nuestro barrio. En lo que va de año la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid ha concedido nueve licencias a empresas especializadas en la captura de conejos en vivo (ninguna de ellas en Las Tablas) como medida para intentar controlar la sobrepoblación de estos animales, especialmente en zonas del sur de Madrid. La iniciativa para llevar a cabo este tipo de actuaciones puede solicitarla cualquiera que detecte el problema, desde particulares hasta el Ayuntamiento de Madrid, siendo la competencia final para la autorización de actuaciones del Gobierno Regional de la Comunidad de Madrid. El destino final de los animales capturados suele estar en los cotos de caza.

No obstante, el Ayuntamiento de Madrid se ha apuntado al tema de las plagas de conejos en nuestra ciudad tras la aprobación en el pleno municipal del pasado 31 de mayo de una iniciativa del Grupo Socialista que propone ofrecer el excedente de conejos procedentes de las capturas realizadas en Madrid (a través del proyecto LIFE+Iberlince) al Parque Nacional de Doñana y otras zonas protegidas para que sirvan de alimento al lince ibérico, en peligro de extinción.

La propuesta, aunque finalmente aprobada con los votos de PSOE, Ciudadanos y Ahora Madrid, fue criticada por Ciudadanos al recriminar al Grupo Socialista que aprovechara para "hablar de conejos y conejas" cuando la competencia sobre los animales la tiene la Comunidad de Madrid. También fue apostillada por Ahora Madrid, que aseguró que lo verían bien "siempre y cuando no hubiera un coste adicional en captura y traslado", lo cual parece difícil.

El caso australiano

Si las medidas contra las plagas de conejos de la Comunidad de Madrid pueden calificarse de paliativas y las del Ayuntamiento de Madrid podrían definirse como pintorescas, lo que han hecho en Australia para controlar la plaga de conejos sólo puede calificarse de demencial.

En Australia, donde el conejo de monte entró como especie invasora en el siglo XIX y ha colonizado desde entonces todo el continente, las autoridades han liberado en su territorio (hasta en 600 puntos de la isla) una cepa mortífera de un virus para arrasar sus poblaciones salvajes de conejos. El patógeno, una variedad nueva de la causante de la enfermedad hemorrágica, es tan letal como el ébola y tan contagiosa como la gripe.

Según afirma el virólogo Francisco Parra, de la Universidad de Oviedo, “es mucho peor que el ébola. El virus resiste meses activo en el medio ambiente. Los conejos mueren en 48 horas y la mortalidad alcanza el 90%” .

Aunque el Gobierno australiano se ha apresurado a habilitar una página web para responder a las múltiples cuestiones que suscita una medida tan desproporcionada, lo cierto es que ahora el peligro reside en que el virus propagado se extienda fuera de Australia (algo que antes o después parece razonable pensar que ocurrirá) y afecte a las poblaciones de conejos, salvajes o de granja, del resto del mundo, algo que afectará también a todos sus depredadores, incluido el lince ibérico.

Y en el horizonte la posibilidad de que, aunque en Australia aseguran que la cepa RHDV1 K5 (ese es su nombre técnico) aniquila tan sólo a los conejos, el virus mute y pueda convertirse en un peligro para los seres humanos, algo que ni el Gobierno australiano está en disposición de garantizar que no ocurrirá.
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