lunes, 9 de mayo de 2016

Otro impresionante viaje de Óscar Pintos, esta vez a Dubai y Abu Dabi, donde todo es a lo grande. 5 días, 2 personas, hoteles de lujo... por 925 euros.

VIAJE A DUBAI Y ABU DABI
Texto y fotografías de
ÓSCAR PINTOS

Finales de verano, y como manda la tradición, me hallaba en una típica terracita planeando el próximo viaje “lejano” con mi pareja. Tenía que ser algo diferente, lejano (o difícil de llegar), y mi novia añadió también unas notas de color árabes … ya lo teníamos: una escapada exprés a Dubái. Norwegian acababa de aterrizar en España y ofrecía vuelos a Dubái vía Oslo; pero buscando un poco más, y casi por casualidad, descubrimos también Pegasus Airlines que nos ofrecía un vuelo a Dubái con escala en Estambul, más barato que el vuelo sólo a Estambul; era nuestra oportunidad; así que compramos los vuelos Madrid-Estambul-Dubái-Oslo-Madrid.

Con la brutal cantidad de dinero que nos habíamos ahorrado en los vuelos, decidimos reservar un hotel lujosísimo o realizar una escapada a Omán ó a otro emirato; al final nos quedamos con la opción intermedia: hotel lujoso y escapada a Abu Dabi desde Dubái. Ya teníamos el viaje casi planeado. Faltaba decidir qué ver cada día para aprovechar el tiempo al máximo, saber cómo movernos por allí, cambiar algo de dinero a dírhams y hacer la maleta.



Los meses pasaron rápido hasta Noviembre; casi tanto como las horas de avión hasta Estambul. Aterrizamos en Sabiha Gökçen, el segundo aeropuerto internacional, en la parte asiática de la ciudad. Teníamos pensado cenar algo típico y dar una vuelta por el aeropuerto, comprar algún recuerdo, … pero un pequeño retraso en el vuelo y los tediosos controles de seguridad nos plantaron rápidamente en el siguiente avión con destino a uno de los múltiples aeropuertos de Dubái. El tiempo se nos pasó volando, y nunca mejor dicho; controles muy rápidos en el Aeropuerto de Dubái, unas cuantas fotos en la sorprendente terminal, y las típicas dudas a la hora de entendernos con la máquina expendedora de tarjetas de metro. Reflejado en las cristaleras, a lo lejos, vimos un reloj que marcaba exactamente las 05:56 de la mañana y 28 ºC; era la hora de desprendernos de la manga larga y tomar la línea roja de dirección Jebel Ali ( يلع لبج ); el primer vagón era para la clase Gold (otro tipo de tarjetas de metro, que nosotros no habíamos comprado), y el segundo estaba destinado a mujeres y niños (esto sólo se cumplía en esta dirección; en dirección contraria, serían el último y penúltimo vagones respectivamente). Paramos en World Trade Centre, y … sencillamente, flipamos!!!!
Avenida Sheik Zayed

Atravesando el moderno puente sobre la Sheik Zayed Road, nos pasamos al lado derecho, para fotografiar desde otro ángulo la gran avenida, el imponente Burj Khalifa (el edificio más alto del mundo con casi un kilómetro de altura), las torres Fairmont, Conrad, Acicco, … Impresionante todo; sin palabras; daba igual el horario que debíamos seguir; nos paramos aquí casi dos horas, llegando a hacer más de cien fotos. Cuando conseguimos despegar el dedo del disparador de la cámara, a la altura de la Torre Acicco giramos a la derecha por 21st Street, poniendo rumbo a la pequeña estación de autobuses Al-Satwa. Continuábamos por Al- Hudaiba Road según se iba desdibujando el skyline dubaití sobre un barrio mucho más modesto a nuestras espaldas.
Skyline en Dubai

Finalmente, llegamos a la Mezquita Jumenirah, nuestro objetivo hacía más de hora y media; llevábamos bastante retraso, pero teníamos claro que queríamos hacer un alto en la mezquita más importante de Dubái, símbolo desde sus orígenes, y especial por ser la única en la que se permite la entrada a los no musulmanes.

Mezquita Jumenirah
Continuamos ahora hacia la Playa Pública de Jumeirah (nos saltamos el Zoo, que pese a que sólo cuesta veinte céntimos, no es muy recomendable). La idea era bañarnos, y realizar unas cuantas fotos del skyline, la Marina, el famoso Burj Al Arab (único hotel del mundo con 7 estrellas), … pero la playa estaba cerrada porque estaban echando cientos de camiones de arena –aquí todo se hace a lo grande–, así que, continuamos hasta la base misma del Burj Al Arab, donde nos dimos un merecido y refrescante baño e hicimos unas cuantas fotos típicas.

Burj Al Arab
El baño no consiguió disimular los 38 ºC que marcaba el termómetro; ahora entiendo lo del aire acondicionado en las marquesinas del bus! Tras fotografiar el Burj Al Arab desde todos los ángulos posibles, seguimos avanzando por Jumeirah Road, sorprendiéndonos también con la Torre HHHR, Al-Yaqoub, La Torre, Khalid Al Atar, Ahmed, … y las Torres Emirates, con su importantísimo Centro Comercial Boulevard. Teníamos las entradas para subir al Burj Khalifa reservadas hace mucho tiempo, así que, debíamos ya tomar un bus y el metro hasta nuestro hotel: uno de los edificios más altos y de renombre en los Emiratos.

Vistas desde el hotel en Dubai
El check-in fue rápido, y enseguida habíamos dejado las cosas en la habitación para dirigirnos al Dubai Mall, y subir al Burj Khalifa. Un sueño hecho realidad que sólo tendría que esperar 45 minutos de cola. La ambientación, recorrido, explicaciones y ascensores, eran tan impresionantes que se nos pasó muy rápido el tiempo de espera, y aunque no se nos pasara tan rápido, hubiera merecido la pena igualmente esperar lo que fuera necesario para contemplar tan impactantes vistas, desde el edificio más alto del mundo, sobre el centro comercial más grande del mundo, con el ascensor más elevado del mundo, a la estructura más alta del mundo, con el hotel más alto del mundo, que proyecta la sombra más larga del mundo, …

Vistas desde el Burj Khalifa
Al bajar, aprovechamos uno de los múltiples restaurantes del Mall para comer; también buscamos algún supermercado donde comprar algo típico que cocinar esa noche en el hotel. Después, recorrimos el centro comercial por completo, sorprendiéndonos a cada paso: la cascada, Arabian Court, el Zoco del Oro, diversas cúpulas impresionantes, el Aquarium más grande del mundo, la pista de hielo Dubai Ice Rink, el Dubai Dino, Kidzania, Sega Republic, el Simulador A380, … como ya he dicho, todo a lo grande. Espectacular.

Dubai Mall
Con idea de contemplar el skyline nocturno desde la piscina elevada de nuestro hotel, fuimos paseando tranquilamente otra vez por la Avenida Sheikh Zayed hasta la zona de Financial Centre, donde se ubicaba nuestro alojamiento. Los amables empleados del hotel, aún nos permitieron estar hora y media en las piscinas. Maravilloso; lo necesitábamos después de tanto calor.

Burj Khalifa
Después de la piscina y ducha, bajamos a dar una vuelta por la zona y probar alguna shisha o cachimba que ofrecían los múltiples y variopintos bares sembrados a lo largo de toda la avenida; acompañada de un buen té a la menta, nos abrió el apetito lo suficiente como para subirnos ya y seguir disfrutando de la gran mansión que teníamos reservada dentro de la habitación; a la vez, uno cocinaba y el otro hacía fotos mientras comentábamos la jornada vivida y planificábamos bien lo que nos esperaba al día siguiente. La cena nos supo tan deliciosa como el abundante desayuno del día siguiente; no se sirvió demasiado pronto, así que, no madrugamos demasiado para llenar nuestros estómagos. A eso de las ocho de la mañana pondríamos rumbo al Dubai Creek, Zoco de la especias, Zoco del Oro, Herritage Village, Al Bastakhya (antiguas casitas, con cortadores de viento: palos que canalizaban el aire para refrescar las viviendas), Museo y Exposiciones de Dubái, Deira (antiguo centro de Dubái), al-Ahmadilya School (la primera escuela), Plaza Al-Manzar Beach Park y la Ría de Deira, donde cogeríamos un barquito tradicional (no sólo por lo insólito de la experiencia, sino por el irrisorio precio de menos de un euro por los dos tickets).

Ría de Deira
Íbamos charlando en la embarcación acerca de lo mucho que nos gustó el zoco del oro, y cómo contrastan las casitas bajas del barrio antiguo con las elevadas construcciones que el polvo arenoso deja ver al fondo. Nos dirigíamos ahora, ya a pie, a la zona de los museos, donde decidimos entrar al Museo de Dubái, entre otros. Pese a que habíamos leído muchas críticas negativas en los foros, a nosotros nos encantó, y en pocas estancias decoradas describe muy bien la historia de la ciudad y de los Emiratos; completamos la visita con varias construcciones y artefactos en el exterior, antes de coger el metro, esta vez en dirección a la Estación de Autobuses Ibn Battuta, donde veremos el último centro comercial importante que nos faltaba, ya que por el camino habíamos ido parando en el Mall of Emirates, con el Ski Dubai, en el Zoco Medina Jmeirah, en el Oasis, y en el Global Village.

Museo de Dubai
Nos liamos un poco en la estación de autobuses, a la hora de acertar con el método de pago más económico para obtener las tarjetas y billetes combinados necesarios para ahorrar en la ida y vuelta a Abu Dabi, y que al volver, la tarjeta nos siguiera valiendo en el metro y buses de Dubái. Pero bueno, ya se sabe eso de “quien tiene boca va a Roma”, y preguntando se entiende la gente, por lo que nosotros no íbamos a ser menos. Bastaron 50 minutos para estar dentro de un cómodo bus –con merecido aire acondicionado– hacia Abu Dabi. Pese a llegar un poco más tarde de lo previsto, realizamos andando el largo trayecto que separa la Estación Central de nuestro lujoso hotel; 6 kilómetros que se convirtieron en la excusa perfecta, para dejar vista casi toda la ciudad antes de hacer el check-in.

Estación de Abu Dabhi
Dejamos las cosas, como siempre, y bajamos rápidamente a explorar los rincones que nos faltaban y a tomar múltiples fotos nocturnas de los majestuosos edificios iluminados a su antojo en función del tipo de construcción y ubicación. La Marina, Yas Island (con el Ferrari World), el Edificio HQ, y finalmente, nuestro principal objetivo: la Mezquita Sheikh Zayed. Dos buses y más de veinte minutos caminando, y aún seguíamos hablando de tan impresionante obra arquitectónica; al llegar al hotel, la conversación derivó en el cansancio y el dolor de pies, por lo que decidimos marcar el fin de jornada con un buen cóctel en el pub del hotel (obviamente, fuera de los hoteles/complejos turísticos no se sirve alcohol). Era bastante tarde ya, cuando nos restiramos a ducharnos, cenar y descansar en la habitación.

Mezquita Sheikh Zayed en Abu Dabhi
El nuevo día amanecía con un desayuno más abundante y rico si se podía. No nos cabía todo en una mesa, y menos, claro, en el estómago, por lo que aún nos tomamos media horilla más para acabárnoslo todo siendo conscientes de la intensa jornada que nos esperaba. Tras recorrer lo que nos faltaba y fotografiar todos y cada uno de los edificios representativos de La Marina, volvimos a la Estación Central de Autobuses, desde donde tomaríamos un bus nuevamente a Dubái.

Marina de Abu Dabhi
Al llegar, recorrimos las zonas más lujosas de la Marina antes de tomar el tranvía –que aún estaban construyendo– hasta la parada del Monorraíl que nos llevara a la Palmera, un perfecto complejo de islas artificiales que configuran la morfología que le da nombre. Os puedo garantizar que vimos muchos documentales sobre la titánica obra, pero allí no pudimos evitar sorprendernos nuevamente al contemplar in situ tan inigualable perfección en lo que a diseño se refiere. Podríamos estar las cuatro horas que nos faltaban para volver al aeropuerto analizando cada detalle de la Palmera, pero decidimos dividir el tiempo a partes iguales: dos horas en los alrededores del exuberante Hotel Atlantis y dos horas en los espectáculos de las Fuentes del Burj Khalifa.

Atlantis Hotel
Hacia la Palmera
Era inevitable. Al final fueron tres horas en la Palmera, y tan sólo una hora en las fuentes, que nos dio para hacer las últimas fotos y compras que nos faltaban, y para disfrutar de dos espectáculos audiovisuales distintos. No está mal; creo que aprovechamos el tiempo al máximo. Como ocurre en muchos viajes, tomábamos tristes el metro de vuelta al aeropuerto mientras nos prometíamos que volveríamos!

Espectáculo en las fuentes de Burj Khalifa

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