viernes, 22 de abril de 2016

Crónica de una impecable actuación de los Bomberos el pasado viernes en Las Tablas. Para los niños, todo un espectáculo.

Dos dotaciones de Bomberos, varias unidades de la Policía Municipal, una ambulancia... Todo hacía presagiar que nada bueno estaba ocurriendo. El penetrante ulular de las sirenas de los vehículos de emergencias suele provocar el efecto inducido en nuestros oídos de ponernos alerta, y en este caso eran, sin duda, muchas sirenas a la vez.

Todo ocurrió el pasado viernes 15 de abril sobre las 18 horas, en Las Tablas. En concreto, el epicentro del "desastre" estaba en la esquina de las calles Viloria de la Rioja con Capiscol, frente a esa parcela-explanada donde la naturaleza emerge y las amapolas se arrogan, entre la maraña de vegetación de cuneta, el desvergonzado propósito de existir al margen de las ordenanzas municipales.

Con los vehículos de emergencias en doble fila, dos policías municipales iniciaron la prosaica misión de regular el tráfico en ese tramo de calle. O pasan los coches en un sentido, o pasan en otro. Los efectivos del Samur, cerca. Y los bomberos, verdaderos protagonistas de la tarde, en combate.

Se trataba de un panal de abejas. Pequeño, del tamaño de dos puños. Colgado en un repliegue de ladrillo que la arquitectura moderna aconseja utilizar en los edificios residenciales para ganar metros en altura a la cocina que sobre suelo no tendría cabida. En el primer piso de uno de los edificios, junto a la ventana del salón de un vecino. Y con los niños dentro, pegando curiosos su nariz al cristal de la ventana. Y las abejas fuera, revoloteando alrededor de su colmena, con la indiferencia de quien no paga el IBI.

Nada grave, vamos. Cualquier abuelo de cualquier pueblo lidia una o dos veces al año con situaciones similares en su casa o en su corral y no llama al Ejército para que le solucione el problema. Pero bueno, esto es Madrid.

Cuando hay abejas de por medio hay que tener cuidado, no porque piquen (que también), sino porque quedan pocas. Tan pocas que a las que quedan hay que cuidarlas con mimo, y así lo debieron entender los Bomberos, que venían preparados para la ocasión.

Dos de ellos se vistieron unos trajes especiales blancos que más parecían diseñados para la guerra bacteriológica y se encaramaron a la escalera de uno de sus camiones, que al poco los trasladaba en volandas hasta el panal, allá en las alturas. Tras unos momentos de irritación colectiva entre las abejas, visible en sus acrobacias agresivas alrededor de los intrusos, panal e inquilinas fueron a parar a una caja acondicionada para un transporte seguro que las llevaría a un sitio más adecuado para vivir.

El ambiente abajo era casi festivo. Los bomberos bromeaban en corrillo, más en sus cosas que en el rescate. Y los padres, muchos padres, cada cual con su camada recién recogida del colegio, se dedicaban a poner voz en off al espectáculo, contando a su tropa la película según cada cual la entendía.

Uno decía: "Mira hijo, ahora los Bomberos llegarán hasta el panal de las avispas malignas y mientras son atacados por aguijones furibundos, las rociarán con un gas que acabará con todas ellas". Otro padre decía: "Mira hija, ahora los Bomberos llegarán hasta el panal de las pobres abejas extraviadas y las depositarán con cuidado en una cajita especial para así poder llevarlas al Zoo, donde estarán mucho mejor". Cada cual, con su particular versión de entender el mundo y la educación de sus hijos.

Uno de los héroes de la tarde, uno de los Bomberos que participó del espectáculo, nos comentó que, efectivamente, se trataba de abejas extraviadas de una colonia mayor que no andaría lejos. Con la llegada de la primavera las abejas requieren de un espacio de polinización, y la parcela de enfrente, con su frondosa vegetación de cuneta, viene a ser como el Ahorra Mas de las abejas que, logicamente, se quedan a vivir cerca.

Poco después acababa el rescate, con éxito. No queda sino, formalmente, agradecer a los servicios de emergencia por su prontitud en la respuesta, su perfecta coordinación y  la pulcritud del operativo. De forma menos formal pero más sentida, darles también las gracias en nombre de las abejas (especie en peligro de extinción) y de los niños, que aprendieron un poco a conocerlas.




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