miércoles, 20 de abril de 2016

Fantástico viaje a Nueva York de nuestro cronista de viajes Óscar Pintos. El viajero que no necesita dormir en la ciudad que nunca duerme. Ésta es su crónica.

VIAJE A NUEVA YORK
Texto y fotografías por
ÓSCAR PINTOS


Ese pequeño mundo, escondido dentro de una gran ciudad de la que todo el mundo habla independientemente de que haya ido o no. La ciudad que nunca duerme, esa Gran Manzana, que a unos les puede resultar apetitosa y a otros despreciable, dulce para algunos o amarga para otros, entrañable o siniestra, …, pero a todos nos resulta indudablemente familiar. Quizás el cine sea responsable de ello en un noventa por ciento; el diez por ciento restante, lo aporta esa misteriosa curiosidad humana acerca de lo que todo el mundo habla.

Y eso fue lo que consiguió ir desdibujando nuestro planning inicial: las habladurías de la gente. “Tienes que ver esto”, “si no entras aquí es para matarte”, “como se te ocurre ir tantos días”, “cómo tan pocos”, “probarás esto”, “y esto otro”, “no me creo que estando allí, no vayáis a ir a este sitio”, “ni a este” … Así que, aunque la planificación de nuestro viaje comenzó como siempre –buscando los vuelos más baratos al destino elegido–, pronto se fue convirtiendo en un caótico collage que precisaba de mucha planificación si queríamos aprovechar el tiempo al máximo.

Así pues, decidimos anotar en un rústico listado nuestro must de Nueva York, rellenando los huecos con lo que nos iba sugiriendo la gente (aunque fuera imposible realizarlo por economía y/o tiempo); finalmente, parecía que no queríamos fallarle a nadie, y decidimos llevar a cabo TODO.

92 días de planificación, más de 200 webs consultadas, 5 guías leídas, decenas de blogs comparados, 176 cafés, multitud de bebidas energéticas y un fuerte dolor de cabeza cabían en una miniagenda viajera de no más de diez páginas y un gran mapa personalizado que estábamos consultando en nuestro vuelo inicial a Londres. ¡¡¡¡Comenzaba nuestra aventura!!!! Contábamos con energías y tiempo suficientes como para llegar andando al cercano pueblo de Crawley; no mucho que ver, algunas compras y vuelta al Aeropuerto de Gatwick, donde comeríamos mientras esperábamos el avión a Nueva York.
Crawley

Vino muy bien eso de la gran caminata hasta Crawley, ya que pronto nos quedamos dormidos al montar en el nuevo avión de Norwegian. Ocho horitas de vuelo, y casi sin darnos cuenta estaríamos sellando nuestros Pasaportes en el JFK de Nueva York. Picoteamos algo y volvimos a consultar nuestros cronogramas horarios mientras descansábamos un par de horas; analizamos bien el sistema de transporte público de Nueva York, y a eso de las dos de la madrugada, tras comprar la Metro Card, nos decidimos a adentrarnos en el submundo que encierra el Metro de Nueva York; viejo y sucio como en las películas, pero más seguro y misterioso de lo que nos esperábamos. En poco más de una hora, estábamos en la mítica Grand Terminal; admiramos sus interiores y salimos a explorar los alrededores: el precioso Edificio Chrysler, el Daily News (en el que se inspiró el Daily Planet para Superman), la Fundación Ford, Tudor City (primer rascacielos de apartamentos residenciales del mundo), y el edificio de la ONU. Si no fuera por el reloj y por los consejos acerca de no llevar muy a la vista las cámaras de fotos, nunca pensaríamos que eran las cuatro de la mañana; pudimos comprobar eso de “la ciudad que nunca duerme”.
Edificio Chrysler


Nos pasamos por la Biblioteca Pública de Nueva York, que en tantas pelis ha salido también (Cazafantasmas, Desayuno con diamantes, El día de mañana, Sexo en Nueva York, …); en ella se encuentra una Biblia de Gutenberg, una carta de Colón, la primera edición de los manuscritos de Shakespeare, y un borrador de la Declaración de Independencia; ¡casi nada!. Bordeamos el Bryant Park (donde los neoyorkinos descansan, toman un aperitivo, toman el sol entre sus horas de trabajo, …, y es que fue el primer parque en ofrecer WiFi), y Times Square para bajar por Broadway y disfrutar así de unas buenas panorámicas del Empire State.  Estaba amaneciendo, lo que nos indicaba que era hora de ir camino hacia la parada de bus; así, desde Herald Square, cogimos la 34 hasta el final, donde nos esperaba un Megabus (empresa baratísima de autobuses con baño, WiFi y otras comodidades) a Washington.


Pasaban sólo cinco minutos de las 11:00 cuando el bus hacía entrada en la Union Station de la capital estadounidense. Teníamos algo menos de cinco horas para recorrer los principales puntos de interés turístico del DC. Comenzamos por el Capitolio (a unos diez minutos de la estación; muy fácil conseguir un pase para el tour guiado desde el Centro de Visitantes, si se solicita con mucha antelación), la Corte Suprema y la Biblioteca del Congreso. Como buen apasionado del mundo de la aeronáutica, era de obligada visita el Museo del Aire y Espacio (gratis, aunque se forman grandes colas en los controles de seguridad); en él, pudimos maravillarnos con el Flyer I, el original de los hermanos Wrigth, el Douglas World Cruiser Chicago, el Spirit of Saint Louis, el Bell X-1, el cohete V-2, la cápsula Friendship 7, rocas lunares, la réplica del Pioneer 10, el Space Ship One, el Air Force One de 1960 usado por Kennedy, el módulo del Apollo 11, … ¡Qué pena de no disponer de más horas!
Flyer I

Continuamos nuestro singular recorrido ‘corriendo’ Avenida de la Independencia abajo, para ir viendo el Instituto Smithsoniano, Monumento a Jefferson, el Monumento de la Segunda Guerra Mundial, el Memorial de Roosevelt, el Obelisco (Monumento a Washington), el Memorial a M. L. King, el de las Víctimas de la Guerra de Korea, el de los Veteranos de Vietnam, y finalmente, el Memorial a Lincoln. Dándonos aún más prisa, nos acercamos al Cementerio de Arlington, para ver las tumbas de los Kennedy, las de las víctimas del trasbordador espacial, la tumba al soldado desconocido y divisar el Pentágono a lo lejos.
Monumento a Washington y Capitolio

Volvemos sobre nuestros pasos, pero esta vez por el otro lado del lago, es decir, por la Avenida de la Constitución, para podernos desviar hacia la Casa Blanca. Desde aquí, bajamos rápidamente por Old Ebbitt Grill, pasando por el Teatro Nacional, Teatro Ford y Museo del Espionaje antes de llegar nuevamente a la estación. Otro bus a Filadelfia nos esperaba.

Casa Blanca

En Filadelfia nos hubiera gustado disponer de algo más de tiempo, pero el retraso del bus sólo nos permitió correr literalmente hacia el Independence National Historic Park, donde está la Campana de la Libertad (fue tocada para llamar al pueblo ante la lectura de la Declaración de Independencia en Julio de 1776), el Independance Hall (donde se firmó la Declaración de Independencia) y la Biblioteca Nacional (aquí se encuentra la copia de la Declaración de la Independencia, la primera edición del libro de Isaac Newton, y el del Origen de las Especies de Darwin); al lado, se encuentra el Franklin Court (donde estaba la casa de Benjamin Franklin). Atravesamos el Casco Histórico (Old Town), con la casa de Betsy Ross (diseñadora de la bandera de Estados Unidos), el US Mint (¡¡¡donde se imprimen los dólares!!!), y Elfreth’s Alley (la calle más antigua del país). Volviendo por Arch Street, en la esquina con la 5th, fotografiamos desde la valla, la tumba de B. Franklin. Finalmente corrimos hasta el Museo de Arte; vimos a más gente corriendo y grabándose vídeos, y no es de extrañar, ya que aquí es donde se encuentran las famosas escaleras de la peli de Rocky; nosotros no lo hicimos por la gracia del vídeo, sino porque perdíamos nuestro próximo bus a Toronto.
Museo de Arte de Philadelphia

Si sí; a Toronto; teníamos ganas de sumar un nuevo país a nuestra lista, y lo conseguimos. Pasaríamos la noche en unos cómodos asientos que nuevamente reservamos para la ocasión en Megabus. La entrada en Canadá, fue mucho más lenta de lo que imaginábamos, pero aún así, nos dio tiempo a admirar tan modernista ciudad; para ello, bajamos toda Bay Street hasta el inmenso Lago Ontario, y nos acercamos a la Torre CN de TV antes de volver a la estación.
Toronto

Y es que, nuestro principal objetivo en Canadá, no era Toronto, sino las Cataratas del Niágara, vistas desde la parte canadiense, en Niagara Falls. En algo menos de dos horas, estábamos descendiendo por Erie Ave, paralela al río Niágara en busca de tan espectacular y bello salto de agua. Bueno, realmente, se trataba de tres: las espectaculares Cataratas Estadounidenses,  el Velo de Novia (la más pequeña), y mi preferida, la Cola de Caballo, en la zona canadiense. Puedes estar hablando maravillas de ellas durante horas, ó quedarte sin palabras como nos ocurrió a nosotros. Lo único que se oyó, fue “hay que volver a la estación que se está haciendo tarde”. Así fue, pero esta vez decidimos atravesar el pueblo que se vio enormemente crecido y enriquecido al antojo del constante turismo.
Panorámica de las Cataratas del Niágara

Los problemas técnicos con un bus de una empresa subcontratada fueron los responsables de que estuviéramos dos horas menos de lo previsto en Buffalo, nuestra ciudad de escala antes de tomar el último autobús nocturno de Megabus a Nueva York. Los casi quince grados bajo cero consiguieron que la vuelta a la ciudad fuera los suficientemente rápida como para que aún nos sobraran casi tres horas para pasar por los baños, cargar las cámaras y móviles, y cenar algo de queso y barritas energéticas que aún nos quedaban. Con el estómago lleno y el itinerario del día siguiente memorizado, no nos costó mucho dormirnos: antes  de que el bus arrancara.

Después de un lento recorrido por New Jersey, amanecemos a las 07:10 de la mañana en el 300 de la 7ª Avenida. No hay tiempo que perder. Dada su cercanía al lugar en el que nos ha dejado el bus, empezamos por acercamos al famoso Hotel Chelsea y Edificio Flatiron (de forma tan singular, que cuando se construyó hace más de cien años, existían apuestas acerca de lo lejos que llegarían sus escombros al derrumbarse); Madison Park,  la Corte Suprema, el Museo del Sexo y la Iglesia de la Transfiguración configuran nuestra segunda toma de contacto con Manhattan. Puntuales, para coger el primer bus turístico de Big Bus, subimos todo Broadway hasta el BB King Blues Club & Grill, donde nos hacemos con nuestros billetes para toda la jornada. Con un impresionante frío, intentamos mantenernos vivos en la planta superior del bus descapotable, para así, contemplar unas mejores vistas de la zona del Empire State, Madison Square Garden, Quinta Avenida, Union, Greenwich, Soho, Little Italy, China Town, y finalmente, Battery Park, desde donde saldrá el ferry a la Estatua de la Libertad.
Recorriendo Manhattan en bus turístico

Tras hacernos con los tickets en el Castle Clinton, un antiguo fuerte reconstruido para tal cometido, recorremos los alrededores mientras esperamos el ferry, también incluido en la New York Pass, adquirida ya desde España. Nos topamos, entonces, con la Sphere (lo que quedó del irónico símbolo de la paz situado en el WTC; detrás, vemos al fondo, la entrada peatonal al túnel de Brooklyn Battery, lo que era en la peli, el Cuartel General de MIB), la escultura de Los Inmigrantes (del español L. A. Sanguino; representa un grupo de personas esperando en el muelle la aprobación de las autoridades para entrar en el país).
Battery Park

Entre oleadas continuas de gente, a veces clasificable según nacionalidad, conseguimos recorrer toda Liberty Island. No nos cansábamos de hacer fotos a la mítica estatua desde todos los ángulos posibles, pero teníamos un itinerario y sobre todo un horario que seguir. Siguiente parada, la Isla de Ellis y sus museos, y otra vez Battery Park.
Skyline desde Liberty Island
Estatua de la Libertad

No disponíamos de demasiado tiempo, ya que habíamos reservado una hora más tarde otro de mis sueños: un tour en helicóptero. Así que, aprovechamos para ver el toro de Wall Street, en el inicio de Broadway, Bowling Park (el primer parque de la ciudad), y el Museo de los Indios Americanos antes de dirigirnos al Helipuerto Downtown de Manhattan. Los habituales controles al entrar, unas fotos para sacarte dinero cuando bajes, unas nociones de seguridad, y al aire, ¡¡¡a disfrutar!!!! Tremendo. Un vuelo muy corto, pero intensísimo. Aunque bastante caro, cien por cien recomendable.
Tour en helicóptero

De vuelta a tierra firme, regresamos a la zona de Wall Street, para ver el edificio de la Bolsa de Nueva York, el Federal Hall (primer capitolio de Estados Unidos, y lugar de investidura de George Washington), y estatua de Washington. Continuamos hacia la Iglesia de la Trinidad (iglesia de confesión episcopal; en el momento de su construcción, era el edificio más elevado de la ciudad; su cementerio, aún en uso, guarda los restos del Padre Fundador Hamilton, ó la tumba de Robert Fulton, el inventor del barco a vapor). En la zona, vimos también The Woolworth Building; con sus 294 metros de altura, está inspirado en las torres de las catedrales góticas, y se considera tan símbolo de la ciudad como el Empire State ó el Rockefeller Center. Inevitablemente, llegaba el momento de adentrarnos en la Zona 0; para empezar, decidimos entrar en la Capilla St. Paul’s (llamada Iglesia del Milagro por salvarse de un incendio en 1766, y sobre todo por no romperse ni un solo cristal pese a su cercanía a las Torres Gemelas) que nos propició la misma dosis de sorpresa que de tristeza; se trata del edificio más antiguo de la ciudad, que, durante casi trescientos días, tras los ataques, se convirtió en el refugio de los cientos de bomberos y unos quince mil voluntarios que participaron en las tareas de desescombro y rescate a las víctimas (aún hoy se conservan los trajes, los bancos sin pintar, objetos, placas, mensajes, …, lamentable!!!!).

Por último, visitamos el Nuevo WTC, la Zona Cero con las dos enormes piscinas, One World Observatory y el 9/11 Memorial Museum; triste que hayan tenido que realizar un museo de esto, pero bien merece la pena su visita. Al salir, a toda prisa, corrimos hacia la estación del P.A.T.H. Rail, para ir al otro lado del Hudson, a Nueva Jersey, y tener otra visión del Skyline neoyorkino.
Memorial y Museo 11-S

Según se ponía el Sol, cada vez amenazaba más con que no nos daría tiempo a coger el ferry a Staten Island … ¿Cuál? El exacto para ver esconderse la bola anaranjada tras la Estatua de la Libertad. Puntuales, junto a otros cientos de turistas, aprovechamos el ferry gratuito de las 18:00 para hacer tan bella travesía. Breve visita y regreso. En un tiempo récord llegamos al centro, hicimos el check-in en el hotel, nos vestimos para la ocasión, y directos a cumplir otro de nuestros sueños: un musical en Broadway.
Atardecer en Estate Island

Soy consciente de la cantidad de veces que nos prometimos aprovechar el día al máximo, descansar lo mínimo posible y visitar más lugares en un día que un turista normal en una semana, pero ya estábamos muy cansados. La calefacción del teatro aceleraba el proceso mediante el cual se nos cerraban los ojos; menos mal que el musical era muy bueno, los actores mejores, y la puesta en escena extremadamente cuidada. En un par de horas, estábamos bajando otra vez hacia Times Square, donde, en esta ocasión sí que nos permitimos más de una hora de fotos y miradas curiosas hacia cada uno de los millones de leds que dan vida a la plaza más conocida del planeta. Curioso también resultaba ver como los camareros se subían a tu mesa para cantar al ritmo de Grease mientras cenabas una mega hamburguesa al más puro estilo americano en el Ellen’s Stardust.
Times Square

Pero aún quedaban platos fuertes … y, es que, aprovechando que el último ascensor al Empire State subía a la 01:45, para allá que nos fuimos. Cinco minutos más tarde, y no hubiéramos llegado a tiempo, pero ya nos habíamos hecho expertos en eso de subir/bajar Broadway corriendo!!! Las vistas nos dejaron tan helados como el frío que hacía allí arriba; el viento parecía aliarse con el personal de seguridad que se apresuraba en echarnos para cerrar las terrazas superiores. El reloj marcaba más de las dos de la madrugada cuando seguíamos la 34th hacia el hotel; pero antes, teníamos que probar un auténtico Hot Dog, hamburguesa y pepito de ternera con salsa turca en uno de los cientos de puestos callejeros que nos íbamos encontrando. Un par de cervecitas, ducha, y bien merecido descanso …
Empire State

El escaso descanso no nos sació tanto como lo haría el grandioso desayuno buffet que nos esperaba en un restaurante cercano al hotel. No habían pasado ni dos horas desde que nos acostábamos, pero nos encontrábamos con muchas ganas de explorar los alrededores hasta que llegara el guía con el que habíamos pactado el famosísimo Tour Contrastes que nos llevaría a conocer el resto de boroughs de Nueva York.
Desayuno

A la hora acordada, una ranchera nos esperaba puntual en la esquina de Broadway con la 31st. Las lunas tintadas nos daban a entender que podríamos realizar fotos de forma más o menos segura a nuestro paso por los barrios más conflictivos del Bronx. Paralelos al Hudson, con Nueva Jersey siempre al fondo, y Central Park a nuestra derecha, el guía conducía hacia Harlem. Nuestra primera parada, sería el Teatro Apollo, donde comenzaron grandes como Michael Jackson, Celia Cruz o Steven Wonder. Unas cuantas fotos, y vamos hacia el Cotton Club (conocidísimo por la multitud de películas, por ser la cuna mundial del Jazz y el Blues, y por impulsar a James Brown, Duke Ellington o Louis Armstrong), pasando por el Teatro Magic, centro comercial donado por Magic Johnson. Algunas fotos más en las famosas ‘brownstone houses’ de Harlem (casas originalmente para los esclavos) y llegamos finalmente a la Universidad de Columbia, donde cuentan las malas lenguas que Obama acaba de pagar sus estudios de Derecho (también es conocida por la peli de Spiderman, o por la participación de Einstein en el desarrollo de la bomba atómica). Continuamos hacia la Catedral San Juan el Divino de la religión Anglicana Episcopal, y la más grande de EEUU. Algunas instantáneas en el Mausoleo del General Ulyses Grant y su esposa en los bancos imitación de nuestro Parque Well de Barcelona y la Catedral de River Side, con el campanario más grande de EEUU. Hasta ahora, tremendo; para nada hemos encontrado motivo alguno para arrepentirnos de haber contratado tan recomendado tour. Pero eso no era todo: tocaba una breve pausa para disfrutar de una auténtica Misa Gospel.
Harlem

Normalmente, estamos acostumbrados a que la realidad nos sorprenda menos que las fotos, reportajes y demás documentos audiovisuales consultados antes del viaje, pero en esta ocasión fue justo al revés: la realidad que vivimos en aquella iglesia nos dejó boquiabiertos durante dos horas; no sabría muy bien cómo explicar esa extraña mezcla entre elegancia y ritmo desenfrenado que se movían según el vaivén de los cánticos dada vez más enérgicos; la comunidad afroamericana más que correcta y cordial en todo momento; tanto, que nos hubiera gustado quedarnos más tiempo, pero exactamente eso era de lo que no disponíamos, así que, enseguida localizamos al guía que nos estaba esperando en una calle cercana a la salida, y pusimos rumbo esta vez al Bronx. Este borough es conocido no solo por su más que sabida delincuencia callejera, sino por ser cuna de la salsa (Jennifer López, Tito Puente, Pince Roys, …); además, aquí se encuentra el famosísimo Estadio de los Yankees, donde pararíamos para comer, reponer fuerzas, hacer mil fotos y comprar algunos recuerdos.
Yankees Stadium

Después de comer, amparados por la seguridad que nos transmitían las lunas tintadas del vehículo, recorrimos la peligrosa Avenida Weschester, pudiendo contemplar esa zona en la que los grafitis entre chanchas de basket nos contaban historias sobre asesinatos, mostrándonos el lugar exacto de tales atrocidades.
Bronx

Despedimos el Bronx por la calle que vio crecer a Romeo Santos, para poner rumbo ahora a Queens; tras atravesar el puente de White Stone (de peaje, y prohibido sacar fotos por seguridad), nos internaremos en el barrio residencial de Malba, donde se grabaron, entre otras, Mujeres desesperadas y Los Soprano. Pasadas las imprentas del New York Times, llegamos al Flusing Meadows Corona, donde se celebra el famoso US Open. El parque, además, es famoso por contar con los decorados de Men in Black o El príncipe de Zamunda, el inmenso globo terráqueo, y la maqueta más grande del mundo de Nueva York.
Flusing Meadows Corona Park

El cementerio con el skyline al fondo, y casi sin darnos cuenta, parecía que estábamos en Israel. Pero no. Nos encontrábamos en el barrio judío de Williamsburg, en Brooklyn (el último de los boroughs que nos faltaba por recorrer). Impactante. Muy impactante. ¡Y os lo cuenta un viajero que ha recorrido Israel y Palestina al completo! No nos detuvimos mucho, porque se molestaban bastante cuando detectaban el botón de una cámara de fotos accionado por un turista desde un coche; así que, continuamos hacia la zona DUMBO, desde donde se tomaban las preciosas panorámicas del Puente de Brooklyn y el Puente de Manhattan que todos tenemos en mente. También aquí, pudimos visitar el Gleason’s Gym, donde entrenarían Mike Tyson, Muhammad Ali, Gerry Cooney, Durán, Carrasco o Maravilla Martínez entre otros. Foto por aquí, posado por allá, “súbete a esta piedra”, “cuidado con el sol”, “baja allí”, selfies, fotos con temporizador, varias exposiciones, filtros, diferentes grados de zoom, enfoque, … todo ello amenizado con las voces del guía que repetían una y otra vez: “Let’s go! Nos tenemos que ir ya, chicos. C’mon!” El volumen de su voz iba aumentando al mismo tiempo que lo hacía el número de veces que nos prometimos regresar por la noche a tan espléndido lugar.
Manhattan Bridge

El tour acabó algo antes de media tarde entre Chinatown y Little Italy, momento que nos dotaba de un calor y color especiales para realzar el contraste entre las típicas escaleras exteriores de incendios y las bohemias fachadas ocres de ladrillo viejo. Retrocedimos ligeramente –para establecer un punto de referencia en el mapa– hacia el City Hall, donde se encuentra el Ayuntamiento de Nueva York, el Antiguo Palacio de Justicia del Condado de Nueva York, y el concurrido parque que da inicio al Puente de Brooklyn. A la altura del 245 de Broome St. captó nuestra atención una curiosa tienda de rarezas de todo el mundo llamada Top Hat; otra reliquia en lo que a tiendas raras se refiere era la cercana Edith Machinist, con ropa y complementos de los años 30. Ya que estábamos, admiramos Eldridge Street Synagogue, histórica sinagoga transformada en museo, que, junto con las calles Hester, Essex y Grand Street repletas de tiendas de la comunidad judía, nos informan perfectamente acerca del antiguo Barrio Judío en el que nos encontramos. Desde aquí, nos dirigimos al Templo Budista Mahayana y al parque con la estatua de Confucius, el filósofo chino, que también da nombre al edificio de apartamentos cuya construcción fue únicamente financiada por chinos americanos.

Una pequeña pausa en Doughnut Plant, para reponer fuerzas con los que dicen que son los mejores donuts de América, y otra vez en marcha; pasamos por el Templo Eastern States Buddhist of America antes de meternos de lleno en Mott Street, sin duda la imagen típica que teníamos en la mente de Chinatown. Pasamos también por el Katz’s, archiconocido por la peli “Cuando Harry encontró a Sally” y por sus buenísimos Pastramis. Asiáticos y no asiáticos, practicaban taichí en Columbus Park; entramos en el auténtico corazón de Little Italy por Mulberry Street: la quesería original, la tienda de pasteles y helados “Da Gennarodonde fuera asesinado el gánster Crazy Joe, y el Mullberry Street Bar, uno de los preferidos de Frank Sinatra, que aparece en “Los Soprano” y “Ley y Orden”…

Un poco más al Norte, pura Nolita comercial en Elizabeth Street; continuamos subiendo por Mulberry Street, hasta la vieja Catedral de San Patricio, y el Edificio Puck Building, famoso por el niño de su fachada, y por la serie Will and Grace. También, The Little Singer, un “rascacielos” (en 1903) de doce pisos, y sede de la firma de máquinas de coser; su fachada de hierro fundido verde, característica del Soho (South of Houston Street), nos sirvió como punto de referencia, y así, ubicar rápidamente en el otro lado, el 115 de Mercer Street, donde se encuentra la famosa fachada que sale en la peli de Ghost; en el 105 de esta misma calle, encontramos un edificio del Barrio Rojo de 1831; dos calles más allá, en Crosby Street, está el callejón siniestro en el que Sam muere en la película de Ghost; pudimos comprobar que la multitud de bares y terrazas le borran la fama de siniestro y solitario que adquirió en el film. El Edificio Günther con sus curiosos vidrios adaptándose a la fachada, el NYC Fire Museum, la tienda de Apple, … ¡¡¡cuantas cosas para ver!!!!!

Antes de acabar en West Village, hacemos unas paradas en la zona de TriBeCa (Triangle Below Canal St.): preciosas casitas antiguas aparecen a ambos lados de Harrison Street; el New York Mercantile, restaurante Chanterelle, TriBeCa Film Center fundado por Robert de Niro, TriBeCa Hill (también del actor), casa John Kennedy Jr., Bubby’s Restaurant, Nobu (de comida japonesa, donde siempre iba Robin Williams), y la “oficina de los Cazafantasmas” (antigua estación de bomberos) completan la oferta que maravilla nuestros ojos en esta coqueta área de Manhattan; en ella, viven Mariah Carey, Justin Timberlake, Beyoncè, … también aquí, se encuentra Let there be Neon, creador de obras de arte con neón, incluyendo las alas de las modelos de Victoria Secrets Fashion Show.

Ya habíamos invertido demasiado tiempo según la programación anotada en nuestra agenda, así que, pasamos por el World Financial Center y el café elevado Winter Garden (buenas panorámicas del nuevo WTC) y subimos ya hacia West Village y Greenwich Village, donde paramos a fotografiar la “Casa de Friends” y el Village Cigars, que también sale en la serie. En el 66 de Perry Street, podemos encontrar la “Casa de Sexo en Nueva York”. Finalmente, ahora sí que sí, finalizamos nuestro galopante tour concentrado en el Parque Washington, donde se encuentra el arco homónimo enmarcando al Empire State al fondo.
Entre Chinatown y Little Italy

Nuevamente el sol amenazaba con esconderse, así que corrimos, y mucho, hacia la estación de metro más cercana, ya que nuestro propósito esa tarde, era ver atardecer desde lo alto del Top of The Rock, uno de los edificios del complejo Rockefeller Center, donde se tomó en 1932 la famosa foto en blanco y negro de los obreros sentados sobre una enorme viga suspendida en el aire (“lunch atop of Skyscrapper”); teníamos la entrada “sin cola” incluida en la New York Pass, así no nos fue difícil conseguirlo. Las vistas, impresionantes, tanto que ya no sabría decir cuáles me han gustado más, aunque éstas tenían un encanto especial al mostrarnos la estampa típica del Empire State en frente.
Empire State desde Top of the Rock

Lo intentamos, pero no conseguimos estar menos de dos horas en la azotea; al bajar, ya era tarde, para variar, y recorrimos a toda prisa los alrededores del complejo, la pista de hielo, el Radio City Music Hall y la Catedral de San Patricio, la neogótica católica más grande de América del Norte; se trabajó mucho en su diseño para que sus enormes torres dominaran la ciudad, aunque hoy en día parezca minúscula. En los alrededores, también se halla la tienda de Tiffany & Co (fundada por C. Lewis Tiffany, que también diseñara el altar de la Catedral), la tienda Apple, la ya cerrada juguetería FAO Schwarz (donde estaba la máquina de Zoltar y el gran piano de la peli Big), y al otro lado, el Hotel Plaza de Solo en Casa. Nuestro breve recorrido, también pasa por los estupendos escaparates de Bergdorf Goodman, el Edificio de General Motors, Grand Army Plaza, The Arsenal The Temple Emanu, la Sinagoga Central, la Iglesia de San Pedro, el Nike Town, el Four Seasons Hotel, el mítico cartel “Love” y el MoMA; en él, además de lo estrambótico de su arquitectura y fachada, nos maravilló el jardín interior,  la “Noche Estrellada” de Van Gogh, y la curiosidad que nos contaron: es el único museo del mundo que ha comprado código fuente de videojuegos, de momento, el Tetris y el PacMan. Para tachar esta zona del mapa, caminamos ahora ligeros hacia la esquina de Central Park, concretamente a la rotonda Columbus, donde está la Estatua de Colón, la bola del mundo plateada, varias fuentes impresionantes, el Monumento a la Marina, cientos de tiendas de alquiler de bicis para Central Park, el Centro Comercial Time Warner, los Apartamentos San Remo, el Lincoln Center, el New York State Theatre, el Avery Fisher Hall, y el famoso Gray’s Papaya; todo el mundo nos avisó que aquí, debíamos probar sus perritos calientes extrabaratos; también, que un poco más arriba, en la Levain Bakery, debíamos deleitarnos con sus conocidas cookies … demasiadas cosas, para tan poco tiempo!
Rockefeller Center

Sé que esa noche nos prometimos que llegaríamos antes al hotel, que dormiríamos más horas (menos ya no se podía), pero seguíamos teniendo en mente bajar a la zona DUMBO, para hacer las fotos nocturnas que queríamos, y que ya nos habíamos imaginado cuando fuimos por la tarde con el guía. Así que, sin pensarlo mucho, cogimos la línea F de metro hasta York St. y bajamos andando hasta la zona elegida. Menos mal que no elegimos quedarnos en el hotel descansando; de qué espectáculo hubiéramos privado a nuestros ojos. Grandioso. Impresionante. Lo habíamos visto en mil películas y doscientas series, pero seguía siendo igual de bello e impactante.
Puente de Brooklyn

El guía también nos había contado que era tradición cruzar el puente andando; ya lo habíamos hecho en bus, coche, metro, barco y helicóptero; nos quedaba andando, obviamente; era muy tarde, pero no nos importó demasiado. Fotos y paradas y más fotos incluidas, hora y media más tarde ya estábamos en la parada de Chambers St. para coger el metro hacia nuestro hotel … ¿o no? Pues no, el cansancio no nos impidió disfrutar por última vez de las luces de Times Square; la tienda de M&M’s, Toys ‘r’ us, Disney, unas cervecitas y un queso tierno pusieron fin a tan intensa jornada. Una buena ducha, cena y algunos minutos más de descanso que la noche anterior recuperaron nuestras piernas para lo que les esperaba al día siguiente.
Times Square

Amanecimos pronto, muy pronto, y casi sin abrir los ojos, ya estábamos subiendo Lexington Avenue hacia Tranway Plaza, donde tomaríamos el teleférico a la Isla de Roosevelt, no sin antes quedarnos atónitos ante la tienda de golosinas Dylan’s Candy Bar. Unas cuantas fotos en la minúscula isla y metro nuevamente hasta la 77th. Museo Metropolitano de Arte, y atravesamos Central Park hasta el Mosaico Strawberry Fields con la palabra Imagine, que nos recuerda que en el cercano Edificio Dakota mataran a John Lennon; en la zona, también está el Tavern on the Green, el restaurante más solicitado de la ciudad, el Castillo Belvedere y el Teatro Delacorte; nos hacemos las fotos obligadas frente a varios lagos, con sus característicos reflejos mostrando los lejanos rascacielos, y ponemos rumbo ahora al Museo de Historia Natural … igualito que en Noche en el Museo!!!
Roosevelt Island
Central Park

Era hora de bajar a desayunar, hacer el check-out en el hotel, y reservar un Tour en el Madison Square Garden. Teníamos muy claro que el cansancio no nos iba a impedir aprovechar al máximo el tiempo hasta el final; y así lo hicimos.
Madison Square Garden

Tras el tour privado, renunciamos a la típica foto, para ganar diez minutos que emplearíamos en subir corriendo nuevamente hasta Times Square y reservar The Ride, una especie de musical móvil en un bus dotado de la suficiente tecnología como para interactuar con los viandantes. La verdad es que nunca habíamos visto nada igual, y nos impactó mucho.
The Ride

Casi habíamos acabado nuestra aventura americana, pero al mirar el reloj nos dimos cuenta de que aún nos sobraban un par de horas, por lo que, ¿qué íbamos a hacer? ¿descansar? No; obviamente, aprovecharíamos al máximo. Primero entramos en la Exposición de Star Wars y visitamos el impresionante Madame Tussauds. Luego le tocaría el turno al Intrepid Sea, Air & Space Museum  para ver el impresionante portaviones de la Segunda Guerra Mundial y Vietnam, un submarino visitable, varios aviones, el Concorde de British Airways y el Space Pavillon. Tras unas cuantas panorámicas de Nueva Jersey desde Pier 78, paramos a tomar una merecida hamburguesa en el famoso Shake Shack; cuentan las malas lenguas, que son las mejores de la ciudad. El reloj nos iba contando los últimos minutos en la ciudad; indudablemente esto se acababa, y lo queríamos recordar como se merecía: saboreándolo hasta el final. Así que, bajamos al barrio de Chelsea, para conocer personalmente el Chelsea Market donde la langosta y el sushi de Lobster Place nos llamaba tanto como las ostras del Cull & Pistol Oyester Bar, pero no teníamos hueco en la apretada agenda, ni en el estómago. Así pues, nos apresuramos a coger el metro siguiendo el High Line Park, una especie de vía verde elevada para aprovechar unas antiguas vías de metro elevadas.
Intrepid Sea, Air & Space Museum

Pronto nos hallábamos en la 23rd St. y con tan buena suerte, que sin darnos cuenta tomamos el servicio exprés de metro, ganando media hora sobre lo previsto; 30 minutos que aprovechamos para ver atardecer en Coney Island, y recorrer la siniestra estación de metro donde se grabara el videoclip “Bad” de Michael Jackson. Desde aquí, si que sí; si que tocaba coger el metro al Aeropuerto. Las indicaciones de Air Train y JFK por todas partes presagiaban el triste final de nuestra aventura.
Coney Island

Un vuelo con escala en Estocolmo, nos devolvería a Madrid un día y medio después, tiempo suficiente para descansar y hacer balance de las vivencias que se fueron sucediendo durante tan intenso viaje. También hubo tiempo, claro, para pensar en el próximo. ¡¡¡¡Hasta entonces!!!!
JFK Airport



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