Se trata del edificio que albergaba hasta el pasado año el Museo Zapadores (calle Antonio Cabezón 70), un recinto de más de 23.000 metros cuadrados que albergaba un conjunto de edificios emblemáticos del siglo XIX, con un perímetro que doblaba el tamaño de la catedral más grande de España, la de Sevilla.
El derribo forma parte de las actuaciones de Madrid Nuevo Norte en el ámbito Malmea/San Roque/Tres Olivos y parte de los terrenos resultantes servirán para la nueva ubicación de la Estación de Cercanías Fuencarral Malmea, que sustituirá a la actual, situada apenas 900 metros más al norte.
Adiós a un edificio histórico en Fuencarral
Lo que hoy no es más que una escombrera alojaba hasta hace poco un conjunto emblemático de edificios de estilo mudéjar y estaba considerado "uno de los iconos de la arquitectura industrial del Madrid del siglo XIX".
Desde su construcción, sus instalaciones han tenido varios usos. En la primera mitad del siglo XX alojaron los antiguos talleres de la primera línea de tren de Madrid a Zaragoza, perteneciente a la histórica Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), creada con capital de la familia Rothschild y dirección, a veces en la sombra, del Marqués de Santillana.
MZA (1856-1941) fue una de las dos grandes empresas del sector ferroviario español, mucho antes de la existencia de RENFE. De aquella época se conservaban en sus instalaciones parte del mobiliario y utensilios de entonces, tales como semáforos, señales, herramientas ó relojes. Algunos de sus espacios funcionaban hasta el pasado año como centro de interpretación del ferrocarril.
Posteriormente tuvo uso militar, estableciéndose hacia 1976 en sus edificios el III Batallón del Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles y albergando a un buen número de generaciones de soldados de reemplazo. Hasta su derribo, aún podía contemplarse en el exterior de las instalaciones el escudo de piedra del regimiento, con el emblemático castillo del Cuerpo de Ingenieros al frente.
Tras un período de abandono y gracias a la iniciativa privada, en los últimos años se recuperó su uso en clave cultural y albergó el Museo Zapadores, dando cabida a estudios de artistas visuales como Antonella Trovarelli, Javier de la Higuera, Jacqueline Bonacic-Doric, Miguel Sbastida o Julio Ovejero. También contaba con numerosas galerías, archivos, posibilidad de estudios temporales para artistas jóvenes y cesión de espacios para alojamiento de asociaciones.
Una pérdida, al margen de sus nuevos usos, para el acervo cultural del distrito. /
IMÁGENES TRAS EL DERRIBO
























