Alicia G.
Si yo entiendo que diversifiquen y todo eso, pero que treinta días después de echar al buzón la postal de mi hijo desde Gandía no haya llegado a destino me parece así por lo pronto como una broma. Y eso que iba para su amigo del Summer Camp, que vive en Ciudad Lineal, Madrid, código postal 28022, que si llega a ser para el chico ese de su clase que se ha mudado a Stuttgart, código postal 70176, ya lo flipas.
Lo peor de todo es que Correos me hace quedar mal a mí. Venga, mandadle una postal desde la playa a vuestros amigotes, que eso no lo esperan y se van a poner tan contentos, les decía a mis hijos. El mayor me llamó arcaica y el pequeño casposa, pero se avinieron porque estaba en juego su presencia en el parque acuático. Ahora me miran de reojo y se ríen. Mamá, que dice Fran que no le ha llegado todavía. Mamá, que se rumorea que han visto mi postal por el desierto de Utah, bajo un cactus.
A mi madre en el pueblo tampoco le ha llegado la que le envié, aunque lo mismo sí y no se ha enterado. No pondría la mano en el fuego, anda despistadilla últimamente. Le he dicho que mire el buzón de vez en cuando y no desespere, a mí me entró una de la Reme desde Málaga con matasellos de 2024 el otro día, a la vuelta de la playa. La Reme, que ya ni vive allí.
Debe ser que Correos está más a eso de vender seguros que de mandar postales, lo cual me parece bien, pero coño, no os llaméis Correos. O no deis el servicio.
El que debe tener información privilegiada es mi hijo mayor, que en lugar de franquear la postal se la echó al bolsillo y al llegar a Madrid se plantó en el portal de su bro Dani, la introdujo en el buzón y se fue tan pancho. Se ahorró el sello y garantizó la entrega inmediata. Y además sin tener que buscar en internet códigos postales.
Máquina.
©AliciaG






