Vacunar a Djokovic

NOTICIAS BIODEGRADABLES
Jaime S. Cedro

Entre macrogranjas porcinas y test de antígenos se ha ido el año 2021, ese que se anunciaba a bombo y platillo el "año del fin del Covid", el año del "salimos más fuertes", el año del "con un 70% de inmunidad de rebaño solucionado", el año de "las vacunas inmunizan". El año en que, a cambio, nos dejó una inflación del 6,5% y a los españoles asustados y tiritando.

Omicron se presentó a última hora para chafar el discurso de un gobierno que sigue con la mascarilla y el hidrogel como cajón de sastre sanitario y unos medios que disponen de bula para decirte hoy negro y mañana blanco y que no se resienta su cuenta de resultados, cada vez menos dependiente de su audiencia y más de intereses inconfesables.

Y en estas que llegó Djokovic. Con el volcán de la Palma asintomático, se abrió una ventana de oportunidad irresistible para los mass media y otros acólitos. Resulta espeluznante comprobar con qué facilidad a los héroes de ayer se les convierte en villanos en menos que canta un gallo y las masas enfervorecidas lapidan al nuevo satán. De momento el tenista serbio, sano y fuerte como un roble y que no ha matado a nadie, ya ha pasado por la diana de algunos francotiradores de esa prensa digital aparentemente seria e independiente a la que cada vez más se le ve el plumero.

Recién deportado de Australia por no pasar por el aro, el escarmiento continúa estos días en Roland Garros, que ha negado la participación en su torneo al número uno del mundo. Qué habrá detrás. Mientras tanto Djokovic ya ha aterrizado en Serbia, donde era un héroe antes del paripé y después del sarao de las Antípodas se ha convertido en un dios. Ay, estos balcánicos. De ellos decía Churchill que acumulan más historia de la que pueden procesar, y tal vez por ahí van los tiros. 

Da la sensación de que el objetivo claro de todo este espectáculo es que Djokovic se vacune. Menudo exitazo si semejante icono del deporte se baja los pantalones y además pone el brazo. Esa imagen sería la más retransmitida desde lo de Neil Armstrong y tendría un efecto depresivo inmediato entre los dudacionistas. Y ya de paso, sin despeinarse demasiado, Pfizer pasaría de obtener unos beneficios de 85.000€ al minuto a sabe Dios cuánto. 

Y es que Djokovic es caza mayor. Van MorrisonEric ClaptonMiguel Bosé y otros recientes iconos de lo suyo, también fulminados en su día por sus opiniones, no dejan de ser aperitivos comparados con el banquete que supone neutralizar al de Belgrado.

El problema es que es serbio, que es lo más parecido a ser furyano, como Riddick. Y con los serbios, bromas las justas. /

©JaimeCedro

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